sábado, 6 de marzo de 2010

Reciclando

Ninguna novedad: la mañana está fría, más aún por la sensación que se acumula con la humedad añadida a una temperatura baja. ‘Hay gente pa tó’, que dijo el califa torero que ha recibido con todo el mérito el calificativo de filósofo. Por eso, ha pasado un joven padre en una bici supercalifragilística, ataviado con todos los adminículos necesarios para desafiar el frío, la lluvia, el hambre y la sed. Lo siguen en otras dos bicicletas no menos completitas, un par de pichoncillos de edad próxima el uno al otro. No me cuesta imaginar a la madre sufriendo la ambivalencia que tantas veces nos asalta. Ay, mis tres chicos en el peligro de la carretera. Ay, qué tranquilidad doméstica para disfrutarla en soledad.

La lluvia se insinúa primero, todavía hay quien pasa con el paraguas cerrado. Luego, las gotas se van acercando a la edad adulta y se hacen más numerosas hasta que por fin empiezan a levantar serias salpicaduras en los charcos. (En mi recuerdo, las mañanas en que no iba al colegio por los catarros y el miedo pavoroso de toda la familia a los “catarros mal curados”, la lluvia se anunciaba así en un charco que se formaba pronto en el patio y que yo, alzándome contra toda recomendación de entre las mantas, contemplaba ensimismado).

Sigo esperando a alguien que se retrasa. Por la calzada, casi carretera, avanza una furgoneta con solo cabina y una modesta carrocería de camioncillo detrás. Lleva un rótulo que me sorprende por su pulcritud. “Reciclados Fulanito. Recuperación de hierros y toda clase de chatarra”. Por la ventanilla del acompañante diviso tres o cuatro cabecitas de pelos alborotados. El que ocupa el puesto más próximo a ella es un mocoso de siete u ocho años, de melenilla decolorada y en cresta con una sonrisa capaz de achantar al mismísimo sol si se atreviera a salir. Llevan un leve jolgorio de risas y voces.

¿Es sábado y acompañan al padre a la recuperación? ¿Es su trabajo habitual incluso en las jornadas lectivas? Quiero pensar que no. Con ese rótulo tan formal… ¿Es explotación infantil que un padre levante tempranito, son ya casi las nueve y media, a sus churumbeles para que le ayuden en su trabajo ecológico? Me atrevo a pensar que no. Me dan más lástima esas pequeñas estrellas que aparecen en algunos programas de televisión con horas de ensayo, repeticiones y grabación.

Está cesando la lluvia a la que una brisa suave se la lleva de paseo un poco más hacia el este. Los árboles derraman sus limpias lágrimas tardías cuando, viendo que mi cita queda frustrada, echo a caminar y me alejo. No puedo dejarme olvidado el paraguas porque me negué a cargar con él.

6 comentarios:

Cinta dijo...

¡Que alegría volver a encontrar una de tus cosillas por esta esquina! Ojalá no tengamos que esperar tanto para volver a leerte.
Gracias.

Pedro Giraldo dijo...

Cinta, muchacha, alegría la de recibir tus palabras. Gracias por echarle un ojillo a mis cosas y tener el detalle de dejarme tu saludo.

Soy malo para calcular el tiempo. ¿Ya madre o esperanza inminente?

Gracias a tí. Por tantas cosas.

Cinta dijo...

Querido amigo, aun me queda lo que yo llamo la parte dura, vamos los tres últimos meses. Pero no me quejo, espero que esta niña se porte tan bien cuando nazca como se está portando durante el embarazo.

A mi también me dan pena esas pequeñas estrellas, marisabidillas y enteradillos, con el guión bien aprendido que aparecen en algunos programas de gran audiencia.
Seguro que esos crios se lo pasan bien ayudando a su padre, y como soy optimista quiero pensar que durante el resto de la semana se decican a ir al cole, hacer sus deberes y jugar un rato. Ahora lo de la cresta y las decoloraciones... yo lo dejaría para un poco más tarde.
Lo dicho, no nos hagas esperar tanto la próxima.

Marinel dijo...

Ya he venido a perderme entre tus letras poetizadas y descriptivas.

La verdad es que desde que vi el correo, estaba deseándolo, pues no es la primera vez que te digo,lo mucho que me gusta como escribes.

Me traes a la memoria esos recuerdos de días de frío y lluvia,donde todos los ángeles del cielo parecían llorar al compás,y el ruido monótono de las gotas desde mi cama,me parecía música primorosa.
Me lo parecía, porque sabía que yo, siempre tan delicada,probablemente me quedaría en casa con mami,mi adorada mami, que sufría conmigo mis fuertes catarros con dolores de oídos, de huesos, inyecciones varias...

Ya ves...deseaba constiparme y pasar por todo para quedarme con ella!

Entonces no sabía que la lluvia me gustaba, pero debía ser así por lo que he dicho.

Ahora me trae recuerdos,que a veces me duelen y me ponen triste.

Cosas de la edad!

Me encanta como vas metiéndonos en tu mirada, como nos haces ver esa furgoneta impoluta y pensamos que pobres criaturas;aunque esperamos al igual que tú,que solo sean acompañantes paternales en días no lectivos.

Te imagino testarudo,por aquello del paraguas...
Si llueve,¿por qué no lo cogiste?

Y es que con los años,perdemos miedo hasta a los catarros mal curados, y dejamos que los árboles nos mojen con sus lágrimas,mientras vemos a esos tres pedalear y pensamos en esa madre mitad en paz,mitad en guerra psicológica...

Gran verdad por cierto.

Y te dejo ya, que como te advertí, he dejado un testamento en lugar de un comentario!!!!

Mil perdones.
Y mil besos.

PD:No tardes tanto la próxima vez si es posible,¿vale?

Pedro Giraldo dijo...

Pero Marinel, cielo, cómo vas a pedir perdón por ser tan generosa conmigo.

La lluvia, incluso cuando es tan seguida y dañosa como lo está siendo este año, tiene siempre su punto de nostalgia, de recuerdos colgados de cada gota. Tantas y tantas veces nos devuelve a la infancia...

Espero ser más aplicado y no dejar los deberes, gratos deberes de saber que estais cerca de lo que escribo.

Un beso, tesoro.

CharlyChip dijo...

Me alegra verte de nuevo escribiendo Pedro, echaba en falta tus letras, tu ojo humano. Es refrescante sentir la realidad más cercana a través de ellos.

Un abrazo