martes, 10 de marzo de 2009

Llanto temprano

(Hace unos años, en otro medio distinto ya comencé a escribir de vez en cuando un blog, cuando estos eran desconocidos (casi) para la mayoría. Una casualidad me ha hecho reencontrarme con aquellos textos. Ahora creo oportuno recuperar algunos de ellos. Pido disculpas si a alguien ya les suena a refrito. Cuento con su benevolencia. Gracias).

Es justo y necesario para mí dar cada mañana un largo y placentero paseo a la orilla del mar. Esto me ha hecho entender algo de gaviotas, gavinas les llama la gente de la mar, pero de ello ya hablaré otro día. (Hoy y casi ninguna otra mañana, a estas horas, no pienso lo de “Dios mío, ¿qué hemos hecho para merecer a estos políticos?).

Me he cruzado con una señora que llevaba su perrito en brazos, algo que no es lo habitual pero tampoco sorprendente. La señora tenía esa edad imprecisa entre los 45 y los 60 años. El perro no era demasiado pequeño. La señora le hablaba. Siempre pienso en esos momentos que, o es la añoranza de un bebé, o el deseo y la necesidad de tener a alguien a quien proteger. Y que te escuche.

Pero lo que me ha impactado es que la señora que le hablaba a su perro lo hacía llorando. No puedo pensar que el perrillo le hubiera proporcionado un disgusto y se lo recriminara con lágrimas. No. Seguro que la causa de su llanto estaba en un ser humano, tal vez un perro de dos patas.

¿Tiene la señora un problema en su casa, un anciano con Alzheimer, un marido bebedor y/o violento, unos hijos que la ignoran, salvo a la hora de exigirle algo, comida a su gusto y capricho, ropa limpia y planchada…? No lo sé. Es sábado. ¿Ha vuelto muy tarde o no ha vuelto aún la hija o el hijo que llevó en su vientre? ¿Teme o sabe con certeza que en los finde alguno de los suyos abusa de sustancias?

Se me ocurre otro sinfín de cosas, pero tal vez la mujer sólo llora su soledad que comparte con su perro. Una soledad que tal vez siente de forma inquietante aunque conviva con otras personas. Pero sus lágrimas, por entre las cuales susurraba a su perrillo en brazos, me han conmovido.

6 comentarios:

Marinel dijo...

Yo soy persona sensible (me lo reconozco humildemente)pero tú no me vas a la zaga...
Eres mente inquieta también,capaz de imaginar desde lo más ínfimo a lo más retorcido con sólo un detalle...
Ese llanto podía venir sin duda por todos esos motivos que citas,incluida la abrumadora soledad...
Estoy convencida de que si todo esto te vino a la mente tocando tu corazón, es porque su rostro no te dejó duda alguna de que debían ser estos motivos, ya que de alegría también se llora y para nada la has mencionado...¿verdad?
No sé dónde escribías antes,pero yo, desde luego seguro que ni sabía de la existencia de este mundo cibernético que ahora tanto me gusta.
Tengo la ventaja de que gracias a esto, a mí, no me suena a refrito,jajaja
Besos.

Cinta dijo...

¡Es tan fácil hablar con un perro!Cuando un animal te mira, en su mirada encuantras tanta sinceridad y,si no comprensión, sí amor o devoción como en la de cualquier personsa querida.
Tu capacidad para ponerte en la piel de otros, intentar adivinar la razón de ese llanto demuestra tu gran sensibilidad. Otros no habrían visto en ella más que una vieja loca.

PD. Curioso que las gaviotas te hicieran pensar en políticos.

CharlyChip dijo...

Mientras aún nos quede un abrazo o un beso que dar, una lágrima o una sonrisa que compartir, aún hay una esperanza...

Por otra parte, tus refritos saben mejor que mis guisos así que no problem jajjajaj

Un abrazo

Pedro Giraldo dijo...

Tuve claro aquella mañana, Marinel, que ese llanto era el de la pena, la congoja que atenaza el corazón y éste llora amargo, silencioso, dejando fluir hacia fuera solo un poquito del inmenso sufrimiento que se lleva dentro.

Cinta, sobrina querida, no es necesario tener una sensibilidad especial-me lo repites ya alguna vez, movida por el afecto- para advertir algo distinto en la gente con la que te cruzas. Basta recordar lo de El Principito: saber mirar con el corazón, claro que ello precisa corazón... y tiempo para mirar.

Charly, no te permito que para alabar mi 'ropa vieja' hagas de menos a tus guisos. Si nos encontramos en estas páginas virtuales quienes nos encontramos, tú, Marinel, Cinta, y algunos más en silencio es porque compartimos 'los buenos sabores' de lo que se escribe con un cierto primor. Unas veces el guiso nos sale de p... madre y otras, tal vez solo sirve para matar el hambre. Que tampoco es de despreciar.

Cinta dijo...

Tu sabes lo mucho que te aprecio, pero ese cariño no es lo que me hace resaltar tu sensibilidad, hay mucha gente a la que quiero y no les encuentro la sensibilidad por ningún lado; aunque sí tienen otras virtudes.
Así que no te quites méritos, tito Pedro.
Besos.

Domingo dijo...

Una mascota, un perro, es algo así como un confesor que no te juzga ni te reprocha nada y que te prodiga amor, ternura y compañía incondicionales. Yo tengo una perrita a la que adoro y a veces, al mirarla a los ojos, descubro que es mucho más humana que muchas personas.