viernes, 18 de enero de 2008

Palabras

Suelo ojear todos los periódicos gratuitos que se ponen a mi alcance, que últimamente han florecido como las setas tras las lluvias del otoño. Disculpen el rentoy, pero la primera vez que tomé contacto con ellos fue, hace un buen puñado de años, a la subida de una estación del metro de Roma, cuando aún no se conocía la moda por estos lares. Fue allí donde me ofrecieron el que lleva su nombre y que hoy presume de repartirse en más de cien ciudades de veintiún países y en dieciocho idiomas.

El que precisamente hoy dedica su portada a un smiley o emoticón, un dibujito para entendernos, amarillo con una sonrisa enorme y proclama que hoy es el día dedicado a la felicidad. En sus páginas se ha hecho un derroche, calculen los millones de ejemplares, de toneladas de tinta amarilla pues todas las páginas traen fondo de ese color.

Cada uno de esos gratuitos tendrá su estrategia comercial, su rendimiento o padrinazgo, su distribución y su beneficio, material o de otro tipo, allá cada cual. Pero lo que me resulta chocante es que se negocie con ese término tan ambiguo pero sonoro al que se califica de felicidad. ¿Significa que durante todo el día –no digamos todos los días- hemos de ir con sonrisa orejera porque hemos decidido ser felices?

Algo parecido pienso con esos comunicadores de masas que despiden sus magazines, sus informativos, sus tertulias o cualquier otro programa con un latiguillo que se va haciendo odioso: “Háganme el favor de ser muy, muy felices”. O sea que si usted está en un atasco, ve que llega tarde a su destino, que por la radio del buga le están anunciando una nueva subida de algo que le afecta, tiene que esforzarse además en ser feliz con todo ello. Si el hijo trae malas notas, si el padre ha maltratado de palabra o de hecho a su esposa, hay el deber de ignorarlo porque es el momento de ser feliz. Si su empresa le debe dos nóminas y anuncia un recorte de plantilla, si ve que le puede tocar la lotería nefasta del desempleo, eso es una bagatela y hay que decidirse a seguir siendo feliz.

No sigo. Pero me parece un timo al prójimo manosear esas palabras que siempre suenan bien: tolerancia, solidaridad, diálogo, paz, felicidad, comprensión y otras muchas más. Al menos la felicidad, todos sabemos que es casi siempre ser conscientes por unos momentos de que la salud no nos falla demasiado, de que la botella de vino que hemos abierto merece la pena, de que estamos disfrutando de un agradable rato de charla amistosa o que la puesta de sol que hoy nos ha regalado la madre naturaleza es hermosa. Pero poco más.

1 comentario:

Pedro Giraldo dijo...

Efectivamente, mi amiga o amigo. Desde AYER percibo ciertas anomalías en el funcionamiento de Bolgspot.

Créame que lo siento de veras. En caso de persistir las dificultades, volvería a mi no abandonado blog de "Qué!", donde transcribo los dos últimos post de este blog.

Muchas gracias por su interés y reciba mi cordial saludo.