viernes, 20 de junio de 2008

Plutarquerías

Durante mucho tiempo creí que Plutarco era un escritor latino. Sus ‘Vidas paralelas’ son una colección de biografías comparadas por parejas, un personaje griego con otro romano, con rasgos parecidos, al menos circunstancialmente. De ahí que yo creyera que se trataba de un autor de la mamma Roma. Hasta que cayó en mis manos algún libro que me instruyó en que era al revés. Se trataba de un griego, del siglo I, d. C., perteneciente a la llamada segunda época sofista. Pero no va por ahí esta historia.

Así que dejémonos de pegotes culturetas y valga el mínimo prólogo para introducir el raro parecido, al menos para mí, de dos personas a las que conozco muy superficialmente, en dos ubicaciones bastante distanciadas, que se parecen la una a la otra lo que un huevo a una castaña en cuanto al físico, sin que tenga una idea de la existencia de la otra, pero que desempeñan trabajos parecidos y curiosamente comparten ciertas cualidades y circunstancias.

Para no pecar de machismo –eso de que los hombres siempre miran primero a- empezaré por aquella que reúne menos criterios de canon de belleza actual. Debe rondar los veintipocos años, es morena, de enormes ojos negros y melena abundosa. No es este el único carácter físico potente, pues toda ella es abundante. Aplicando criterios médicos debe estar en el límite entre el sobrepeso máximo o en el primer escalón de la obesidad. Ello no quita que, debido sobre todo a su juventud, a sus más que correctas facciones y sobre todo a que esos kilos de más están, por ahora al menos, relativamente equilibrados, se la pueda considerar atractiva. Nuestras abuelas, las que nacieron en el siglo XIX, decían una frase muy expresiva, ‘más vale tener que desear’.

Nuestra segunda protagonista es la cara opuesta de la moneda, recuerden que hablamos aún del puro aspecto físico. No es muy alta, pero coincide perfectamente con los caracteres que muchas chicas de hoy aspiran a tener. Rubia natural, con una melena de corte moderno y que peina con gusto. Tiene una piel de aspecto sedoso, facciones más que regulares, donde destacan unos bonitos ojos azules y una boca muy bien dibujada por la naturaleza. Consciente de su atractivo, lo realza con ropa a la que hoy no dudamos en llamar sexy: escote lo suficientemente generoso –realmente yo debía hacer un cierto esfuerzo para no clavar en él mi mirada- como para adivinar unos senos proporcionados (su posición determinada por la ropa interior); un talle muy gentil, que la brevedad de su camiseta y el poco tiro de sus pantalones descubría lo suficiente por delante como para poder admirar su ombligo con piercing y por detrás, para entrever fugazmente su tanga negro... Mejor lo dejo aquí, pues creo haber explicado ya lo suficiente como para entender que se trata de una muchacha que hace volver la cabeza a la mayoría de los hombres que se cruzan con ella.

Ahora viene el paralelismo. Ambas son dependientas en tiendas no semejantes pero que comparten bastantes parecidos. La primera trabaja en una de estas tiendas, generalmente propiedad de orientales o magrebíes, que en su tiempo se llamaban de ‘veinte duros’ y donde se encuentran los objetos más dispares: pequeña electricidad, artículos de limpieza y perfumería, herramientas de dudosa duración, menaje de cocina, lámparas, bolsos, miniaturas de estatuas, cuadros, confección muy endeble. No hace falta que siga. Casi todos hemos entrado alguna vez.

La otra es la dependienta de una frutería que regenta una señora mayor, ya de escasa movilidad, por lo que es ella la tiene que hacer casi todo. Ahora entenderán que la vestimenta que describí antes acompaña a una joven que tiene que hacer variados movimientos, lo que funciona como efecto imán en la mirada de los hombres. (Por favor, nadie me tache de viejo verde, pues la vista y la imaginación son dones que la naturaleza otorga. En caso de hacerlo, espero al menos un poco de comprensión. Ni por asomo me permito que mis pensamientos vayan más allá de la escueta contemplación de la belleza).

Cuál es el parecido de mayor calado lo van a entender más fácilmente. Son criaturas a quienes no les favoreció el destino con un exceso de inteligencia. Ante una pregunta con más de ocho o diez palabras, se les dibuja un gesto de incomprensión con un posible doble fallido. O simplemente no la entienden por lo que suelen responder con un lacónico ‘¿qué?’, o dan una respuesta que poco tiene que ver con el objeto de la pregunta, lo que suele significar lo mismo. En sus ojos no brilla –en ningún momento- la agudeza. Tal vez precisaron de un apoyo serio en su etapa escolar y no lo tuvieron o, lo que también es posible, crecieron en un ambiente de escasez intelectual, con lo que no desarrollaron su inteligencia un mínimo eficaz.

Mientras la primera tiene un novio que la espera a la salida y su aspecto, físico y vestuario, más la expresión tampoco indican que se dedique a un trabajo de alto nivel, la segunda tiene un hijo de seis o siete años, vivaracho y alegre, que anda alrededor de la frutería desde que abre por la tarde hasta que madre e hijo vuelven al hogar. Esta muchacha debió ser madre aún adolescente.

Verdaderamente no soy Plutarco ni estoy de él a menos de cien años luz. Mis vidas paralelas tal vez no lo sean tanto. Pero en unos pocos días he conocido y tratado mínimamente a ambas chicas y, casi seguro equivocándome, me ha parecido encontrar cierta similitud en sus vidas. ¿O no?

1 comentario:

CGT dijo...

¡Welcome! A storm in a cup of tea my friend... Ya te comente en QUE.

Los parecidos, las diferencias...en lo físico y lo intelectual un tema que será dificil tal vez visto por Plutarco por su profundidad, pero no cuanto lo planteas tu, amigo mio, tienes el don de los grandes maestros de la difusión de la cultura, haces cercano y simple lo complejo aunque creo que hoy estas un poco desentrenado jajajajaja se te notan los dias de desconexion.