viernes, 23 de mayo de 2008

Mañaneras

Hay días que me cruzo con solo un prototipo, otros con dos, a veces con ninguno, pero hoy ¡tatatachán! he hecho el pleno. Por lo tanto, en su silencio me han indicado que hora es ya de que las saque a la luz pública. Quien vea esto como un cotilleo es muy libre de hacerlo; si alguien lo interpreta con un cierto tinte machista, me apena porque no lo soy, pero también lo acepto. Voy a comenzar por orden cronológico descendente porque alguna estructura hay que darle al tema. Cronológico en cuanto a la edad de sus protagonistas, porque no me las crucé en el orden que viene ahora.

Empecemos por las presumidas gimnastas. Adorables. Mañaneras. Van a una sesión de primera hora y les queda tiempo para después atusarse, darse su manita de gato, vulgo colorete, y perfilarse los labios. No sé si participan con sus oros, pero bien que se los ponen al salir. Son tres, cuatro y hasta cinco. Sesentonas cumplidas, siempre de peluquería, animosas y animadas. No sé si en su día fueron ‘batallón de modistillas’, pero hoy son una bizarra escuadra ruidosa. Parlotean alegres, rara vez de una en una, y es una gloria contemplarlas. Cargan como impedimenta con una mochila, juvenil por supuesto, de la que sobresale unas veces una esterilla, otras uno de esos cilindros flotadores, y otras veces, nada. Adivino, qué listo, cuando han hecho natación, simple gimnasia, o taichí y derivados.

Al segundo grupo lo llamo el de prescripción facultativa. Tienen más que pasados los cuarenta, su índice de masa corporal ha sobrepasado el simple sobrepeso y han caído, unas más, otras menos, en las garras de la obesidad. Índice superior a 30. No sé por qué, pero siempre van en grupo de tres. Así como las gimnastas presumidas alternan en su número, estas chicas, bien por culpa de A. Dumas o por considerarse hijas de Elena, van rigurosamente de tres en tres. Como los mosqueteros comparten uniforme. A saber: pantalón, o malla, o chándal inferior, negro. Por encima, camisetona de varias equis/ele que sirve de camuflaje a esos kilos no deseados. Y calzan absolutamente, siempre de blanco. Saben que van a mejorar su tensión arterial, que van a remediar esos hormigueos en las piernas y sobre todo, se sienten más ágiles, algo más hermosas y eso las hace sonreír. Lo habitual es que haya una sola parlanchina, que se asfixia un poco entre el esfuerzo de caminar rápido y no dejar de darle a la húmeda, pero insiste en llevar la voz hablante. (Hasta ahora nunca oí cantar a ninguna).

Y finalmente está la llanera solitaria. La valiente amazona que, provista de auriculares, trota alegre ya sea cuesta arriba o en pendiente contraria. Es el más joven de los grupos, pues aunque vayan solas, siempre se encuentra uno a varias, manteniendo el airoso ritmo con su cola de caballo o incluso siguiendo el trotecillo de un perro con el que han conseguido coordinar la velocidad. Su edad es menos definida, casi siempre algo más jóvenes, pero, me temo, comparten un ideal común: aparte de saturarse de las endorfinas provocadas por el bienestar del esfuerzo, saben que una parte importante de su anatomía, a la que vamos a denominar con el inocente apelativo de traserillo, va a adquirir una forma y consistencia que les permitirá usar después un pantalón muy ajustado en cuya costura se perderá, enmascarado y oculto el tanga, reducido a su mínima expresión de hilo.

Lo siento. No puedo sino admirarme con los tres grupos. Todos ellos cuentan con mi complacencia, con mi admiración, con mi solidaridad. Es un signo fiel de los tiempos. La mujer se libera y como ya se muestra, olvida aquel tiempo abominable en que la señora casada, la pata quebrada y en casa, se convertía a los treinta en matrona oronda, reducido su papel al de madre amorosa y ama de casa hacendosa y metida en carnes. Habrá un cielo que las bendiga y no seremos pocos los hombres que celebremos su nuevo rumbo.

(Si a lo largo de este pequeño juguete literario, hubiera podido sentirse ofendida alguna lectora, le rindo mi más sincera disculpa. Es más, pongo mi cogote, virtual, claro, al alcance de su mano por si quiere arrearme una colleja).

5 comentarios:

Lister dijo...

Describes a esas personas con la elocuencia de un Felix Rodriguez de la Fuente, pero en version urbanita. En condiciones normales soy un andarin empedernido, de monte arriba y monte abajo, hecho mucho en falta las fuerzas para realizar mis caminatas, pero mientras tanto tambien desde mi nave observo a esas feminas que tu comentas, luego cuando leo el periodico en la seccion de esquelas, siempre me sale una media de diez años mas de vida, de las finadas con respecto a los que se fueron al barrio de los silencios, y me digo...Pero que listas que son, con colorete y todo.

Un abrazo y salud compañero.

Cinta dijo...

Oye Lister, ¿no serás de esos a los que les gusta leer las esquelas en el periódico? A mi me encanta. La mayoría suelen ser aburridas, pero algunas veces te encuentras con alguna que hace que merezca la pena haber echado un ojo a las otras. He encontrado verdaderas declaraciones de amor, ironía de esa fina que tanto me gusta, otras bien graciosas... en fin cosas curiosas.

Pedro no te digo nada, no sea que te pise la continuación del post.

Un saludo a los dos.

Pedro Giraldo dijo...

Hay una antología de frases escritas en las necrológicas, que son para mondarse. También en las tumbas de los cementerios, que es lo que me gusta hacer cuando acompaño a alguien hasta la casita pequeñita.

Es famosa la frase, atribuida a Groucho Marx, aunque parece que no es cierta:

"DISCULPEN QUE NO ME LEVANTE".

Y otra, que hoy podría considerarse homófoba, pero que tiene un puñado de gracia. Está escrita en verso:

Aquí yace el señor marqués,
que por fin cerró los ojos.
Los tres.

Mientras nos quede un rato para el humor, tenemos vida y salud.

Cinta, gracias por el beso XXL que me enviaste. Celebro que entres en ya en 'blogger'.(Supongo que visitas el de Lister: "se quebraran las lanzas". Un buen fichaje este vasco, créeme).

Yo te envío un beso de la talla que tú misma escojas. Smuakisss.

Cinta dijo...

Tienes razón ya puedo entrar en "blogger" y sí, visito a Lister. Me gusta como escribe, su sinceridad, su valentía y sensibilidad. Casi todos los que pasan por tu Blog me gustan, pero no te equivocas, este vasco tiene algo especial.
Smuakisss mu grandes.

Lister dijo...

Pues si Cinta, tambien reviso las esquelas de los que se mudaron al barrio de los silencios, lo hago de pasada y me fijo o me parece que palmamos antes los hombres que las mujeres, lo de las necrologicas es un clasico,
“Aquí yace media España, murió de la otra. media” Larra.

RIP, RIP, ¡HURRA!” Groucho Marx (a su suegra)

“Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas”.

En una tumba del cementerio de Salamanca: "Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada".

En una tumba del cementerio de Guadalajara: "A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio. Su esposa con profundo
agradecimiento".

“Aquí yace mi mujer, fría como siempre.”

“Señor, recíbela con la misma alegría con la que yo te la mando.”

“Aquí yace mi marido, al fin rígido.

”Aquí yaces. y haces bien. Tú descansas;. yo también"

"Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un médico imbecil.”

Y no continuo que hay para un post...
Un beso a Cinta y a ti un abrazo amigo