miércoles, 2 de abril de 2008

Humoradas

No hace tanto tiempo le crujieron una buena multa al director y a un dibujante de una revista catalana de humor. Habían osado publicar en su portada una cuchufleta que en algún momento seguramente había ocurrido. Pero. Siempre hay un pero o una manzana. Los personajes aludidos eran de una categoría especial y había que darle leña al mono. Se la dieron, aunque no tanta, un milloncejo de pesetas, y a día de hoy casi nadie se acuerda ya. Pero los que peinamos algunas canas sabemos que hubo un tiempo en que nadie se hubiera aventurado a algo ni mil veces menos atrevido.

Si me preguntan a qué viene la batallita, he aquí la respuesta. Ha muerto un tipo que hizo de su vida un continuo caminar sobre el alambre. Su ingenio le permitía tomar como sendero el filo de la navaja sin que le produjera lesiones graves. Escribía novelas, pero sobre todo, guiones de cine. Sabiendo que habría una censura previa, que alguien leería con lupa cada uno de esos guiones y luego, cuando ya estuviera rodada y montada la película, una tijera implacable determinaría según qué palabras, imágenes o sugerencias, no podía verlas, oírlas o adivinarlas todo un pueblo considerado menor de edad. Si este hombre al que admiro, hubiera nacido veinte o treinta años después, podría ahora escribir hermosos guiones donde desplegar su ingenio sin el temor permanente a una multa o a unas tijeras. Podría desarrollar su humor en el color que prefiriera, rojo, azul, verde o negro. Aunque quizás hubiera estrujado menos sus meninges, porque es más difícil ser inteligente para que no descubran tus sarcasmos los lobos que acechan, que pasear por el bosque donde por suerte se extinguieron los lobos.

En algún sitio leí que el azar hace que hechos serios puedan tomar de pronto visos de humor negro. Este hombre tocaba con sutileza temas como la pena de muerte, la invalidez o la penuria y sabía destilar gotas de humor que suavizaban la crudeza o el dolor que respiraban sus escenas. No hace falta que escriba su nombre, pero me siento honrado de teclearlo: se llamaba Rafael Azcona.

Curiosamente no hace mucho que leí no sé dónde una anécdota que engarzaba el azar y el humor negro. Hay quien considera a Edgar Allan Poe el primer escritor importante de USA, esa nación que con poco más de doscientos siglos de historia, se ha encaramado a la cúpula del firmamento planetario y existen dudas, el futuro está siempre por escribir, de que vaya o no a seguir ahí arriba. Me recuerdo jovenzuelo, leyendo en el silencio de la noche los terroríficos relatos de Poe, que me hacían flirtear con el insomnio. En los cuarenta años que vivió le dio tiempo a editar una producción amplia de relatos, poemas y novelas, manteniendo una excesiva relación con el alcohol, tanta, que sufrió frecuentes alucinaciones, probablemente frutos de los deliriums tremens que su amistad con la botella le causaban.

El humor negro sucede cuando a su muerte -al parecer fue encontrado en una alcantarilla ya cadáver- un pariente suyo encarga una modesta lápida a un marmolista que tiene su taller junto a un terraplén por el que pasaba la vía férrea. Estando terminada y lista para la entrega, en ese preciso sitio descarrila el tren y destroza el taller del artesano y hace trizas, junto al resto de las obras, la piedra grabada. Su tumba permaneció con un escueto nombre escrito a mano hasta veinticinco años después, cuando un grupo de maestros de escuela, admiradores de su obra, promueven la realización de un mausoleo en el cementerio de Westminster, en Baltimore, a donde peregrinan hoy sus admiradores. Los promotores invitaron a los grandes poetas vivos de aquel momento en USA y sólo acudió uno, Walt Whitman, estigmatizado por su condición homosexual, pero posiblemente el mayor de todos ellos.

No me digan que no es una historia que Azcona podría haber convertido en brillante guión cinematográfico, donde buitres con lápiz rojo intentarían adivinar paralelismos o sugerencias en lo que no era más que una divertida historieta. Triste y divertida.

1 comentario:

Pedro Giraldo dijo...

Perdón, perdón por la errata que habrán advertido: USA tiene doscientos AÑOS y no 'siglos' de historia.